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Sintomas, Diagnostico y Tratamiento de las ETS PDF Imprimir E-mail
Escrito por macudi   
Domingo, 20 de Diciembre de 2009 03:33

SINTOMAS, DIAGNOSTICO Y TRATAMIENTO DE LAS ETS

Gonorrea

Es la más antigua y corriente de las enfermedades de transmisión sexual. Ya en el Viejo Testamento Moisés habló de su contagiosidad (Levítico, 15); también se menciona en los escritos de Platón, Aristóteles e Hipócrates. El nombre actual se lo aplicó Galeno, médico griego del siglo II de nuestra era. En 1879 Albert Neisse descubrió la bacteria causante de la gonorrea, a la que se dio su nombre (Neisseria gonorrheae).

Si bien el descubrimiento de la penicilina como tratamiento eficaz para combatir la gonorrea disminuyó su propagación en las décadas de 1940 y 1950, la incidencia de esta enfermedad ha crecido enormemente en los últimos veinte años y en la actualidad reviste proporciones de epidemia. La gonorrea se cuenta entre las enfermedades infecciosas de mayor propagación en los Estados Unidos. En efecto, todos los años se informa de más de un millón de casos, y lo más seguro es que esta cifra no represente más de un 25 por 100 del número real de casos.

 

La gonorrea se transmite por cualquier tipo de contacto sexual: el coito, la felación, el coito anal y, en menor medida, el cunnilingus y hasta el beso (Robertson, McMillan y Young, 1980; Barlow, 1979). La mujer que tiene relaciones sexuales una sola vez con un hombre infectado, tiene un 50 por 100 de probabilidades de contagiarse (Platt, Rice y McCormack, 1983), mientras que el hombre que realiza el coito una sola vez con una mujer infectada corre menos peligro de contagio, probablemente un 20 y un 25 por 100 de probabilidades .

Síntomas

En la mayor parte de los hombres que tienen gonorrea, el pene rezuma una secreción lechosa y amarillenta, orinan con frecuencia y la micción les resulta dolorosa; éstas son las primeras señales de la infección. Por lo general, estos síntomas aparecen después del contagio, pero en ocasiones no se presentan hasta pasado un mes (Schofield, 1979). Los síntomas vienen producidos por la infección de la uretra que degenera en una inflación (uretritis). La secreción purulenta (que a menudo mancha la ropa interior) es parte de la reacción del organismo ante la infección. Es aproximadamente un 10 por 100 de los casos el hombre infectado es asintomático, lo que significa que puede contagiarla incoscientemente.

Por lo general, los hombres que presentan síntomas de gonorrea se tratan sin demora y se curan sin más problemas. En el caso de los hombres que no reciben tratamiento, la infección puede alcanzar la uretra y pasar a la próstata, las vesículas seminales y los epidídimos y provocar fuertes dolores y fiebre alta. Si la gonorrea no llega a tratarse, puede producir esterilidad (Schofield, 1979), pero es ésta una complicación que se da raras veces en los hombres.

Como menos de la mitad de las mujeres presentan síntomas visibles durante un periodo más prolongado que los hombres antes de ponerse en tratamiento. Esta demora hace que las mujeres se hallen más expuestas a sufrir complicaciones orgánicas. Además, las mujeres no descubren que están infectadas hasta que su compañero tiene ardores o secreción peneal.

Incluso cuando las mujeres presentan síntomas, son en ocasiones tan leves que o pasan desapercibidos o se diagnostican equivocadamente. Entre dichos síntomas se cuentan: aumento de la secreción vaginal, irritación de los genitales externos, dolor o escozor durante la micción y hemorragias menstruales anormales. En las mujeres la infección se presenta sobre todo en el cerviz (90 por 100 de los casos), pero también puede aparecer en la uretra (80 por 100), el recto (30 al 40 por 100), la garganta (10 por 100), o en cualquier combinación de las zonas reseñadas.

La mujer que no se somete a tratamiento puede contraer graves complicaciones. Por lo general, la gonorrea se extiende del cerviz al útero, trompas de Falopio y ovarios, originando una infección conocida como enfermedad inflamatoria de la pelvis (EIP). Aunque ésta no siempre viene causada por la gonorrea, es la causa más común de infertilidad femenina, pues produce la formación de cicatrices que acaban por obstruir las trompas de Falopio. Los síntomas iniciales de la EIP son dolor en el bajo vientre, fiebre, náuseas vómitos y dolor durante el coito.

En los dos sexos la gonorrea puede propagarse a través del torrente circulatorio a otros órganos, originando infección e inflamación de las articulaciones (artritis gonocócica) o la envoltura del cerebro (meningitis gonocócica). Las infecciones oculares debidas a la gonorrea son muy raras en los adultos y la causa suele ser el tocamiento de los ojos con una mano infectada.

Los recién nacidos presentan a veces una infección ocular si el cuello uterino (cerviz) de la madre se halla contaminado. Como esta infección podría ocasionar la ceguera del bebé, se tiene por norma echar unas gotas adecuadas en los ojos del recién nacido para prevenir toda infección.

Diagnóstico y tratamiento

En los hombres, la gonorrea se diagnostica mediante el examen microscópico de la supuración uretral, después de teñirla con un colorante especial. Como este método sólo ofrece una seguridad del 90 por 100, puede ser conveniente realizar un cultivo de la bacteria infecciosa, lo que requiere varios días. Los hombres que ha tenido contactos homosexuales deberían realizarse un cultivo de la garganta y el recto, además de la uretra.

En lo que respecta a las mujeres, los cultivos son el único método fiables de establecer un diagnóstico. Es necesario en todos los casos obtener un frotis de la abertura del cerviz y del recto, aun en el caso de que la mujer nunca haya realizado el coito anal, ya que la secreción vaginal puede gotear hasta el ano y provocar la consiguiente infección. Si la mujer practica la felación, habrá que obtener también un frotis de la garganta. Por el momento no existe ningún tipo de análisis de sangre que permita identificar de manera fiable la presencia de una gonorrea.

El tratamiento más eficaz contra la gonorrea es la inyección de una dosis alta de penicilina G, distribuyéndola en dos pinchazos en ambas nalgas. Se recomienda tomar al mismo tiempo unas pastillas de probenicid para impedir la secreción de la penicilina en la orina, y mantener niveles altos del antibiótico en el cuerpo (Centres for Disease Control 1979). Para las personas que son alérgicas a las penicilina, las píldoras de tetraciclina surten efecto siempre que se tome por espacio de cinco días o más.

Por desgracia, hay un tipo de gonorrea que es inmune al tratamiento con penicilina (segrega una enzima que destruye y neutraliza la penicilina); esta clase especial de gonorrea ha ido en aumento desde 1976. Aunque se puede tratar con éxito acudiendo a otros antibióticos como la espectinomicina o la rosoxacina, si se produce un brote extenso de este gonococo resultará más difícil frenar su acción.

En cualquier caso de gonorrea es importante abstenerse de toda actividad sexual con una pareja hasta que el individuo haya sido reexaminado después del tratamiento, con objeto de tener la certeza de que se ha curado la infección. No menos importante es poner en antecedentes a todos aquellos con quienes haya tenido contacto sexual, en especial la persona que le consta o sospecha que le contagió la infección, insistiendo para que acudan al médico y sean objeto del correspondiente diagnóstico y tratamiento.

Sífilis

La sífilis llamó por primera vez la atención pública a finales del siglo XV, cuando causó estragos en toda Europa, diezmando ejércitos y poblaciones conforme se iba propagando. Se desconoce cual fue el origen de este primer y amplio brote. Algunos estudiosos creen que Colón y su tripulación fueron portadores de un tipo de sífilis singularmente infecciosa contraída en el continente americano, en tanto que otros consideran que la enfermedad ya existía en Europa (Catterall, 1974). El microorganismo de forma espiral que causa la sífilis, Treponema pallidum, fue descubierto en 1905.

En la actualidad la sífilis es mucho más rara que la gonorrea. En 1983, se comunicaron en los Estados Unidos 2.000 nuevos casos, siendo la proporción entre hombres y mujeres de dos a uno. La mitad de los afectados de sífilis son homosexuales o bisexuales.

La sífilis suele transmitirse por contacto sexual, pero también por transfusiones de sangre o por la madre embarazada al feto.

Síntomas

El primer signo de la sífilis en su fase primaria es una llaga denominada chancro, que suele aparecer de 2 a 4 semanas después de la infección. La localización más común del chancro –indoloro en el 75 por 100 de los casos- es en los órganos genitales y el ano, pero también puede aparecer en los labios, la boca, en un dedo, en el pecho o en cualquier otra parte del cuerpo por la que el organismo patógeno haya penetrado en la piel. Normalmente, el chancro empieza formando una mancha opaca que se transforma en una pústula pequeña, la cual se ulcera y forma una llaga circular u ovalada circundada casi siempre por un reborde rojizo. Por lo común, el chancro desaparece sin ningún tratamiento al cabo de un periodo que va de 4 a 6 semanas, lo que lleva a la errónea creencia de que el problema ha quedado resuelto.

La sífilis secundaria empieza en cualquier momento dentro de un lapso que se extiende de 1 semana a 6 meses a contar desde la desaparición del chancro, en el supuesto de que no se haya aplicado un tratamiento efectivo. Los síntomas son: rochas rosáceas o de un rojo pálido (a menudo aparecen en las palmas de las manos y las plantas de los pies), fiebre, dolor de garganta, cefaleas, dolor en las articulaciones, falta de apetito, pérdida de peso y caída del cabello. En ocasiones aparecen en torno a los genitales o el ano unas pápulas planas y húmedas llamadas condiloma lata, que son muy infecciosas. Debido a la diversidad de síntomas que presenta, a veces se aplica a la sífilis el apelativo de "el gran imitador". Los síntomas de la fase secundaria de la sífilis duran normalmente entre 3 y 6 meses, pero pueden desaparecer y emerger de nuevo con regularidad. Una vez extinguidos todos los síntomas el enfermo entra en la fase de latencia, periodo durante el cual la enfermedad no es infecciosa. No obstante, los microorganismos patógenos se abren camino por diversos tejidos, como el cerebro, la médula espinal, los vasos sanguíneos y la estructura ósea. Del 50 al 70 por 100 de los individuos con una sífilis no tratada permanecen en esta fase por el resto de sus días, pero el porcentaje restante pasa a la fase terminar o terciaria. La última etapa de la sífilis acarrea problemas cardiacos de consideración, tratornos oculares y lesiones del cerebro o de la médula espinal, complicaciones que pueden causar parálisis, demencia, ceguera y la muerte.

El feto puede contagiarse de su madre si los microorganismos infecciosos se hallan en su torrente circulatorio, puesto que atraviesan la placenta. La infección resultante, llamada sífilis congénita, genera deformidades en la estructura ósea y malformación dental, anemia, complicaciones renales y otras perturbaciones. La sífilis congénita se puede prevenir siempre que la embarazada que padezca sífilis sea sometida a un tratamiento adecuado antes de la decimosexta semana de gestación (Holmes, 1980).

Diagnóstico y Tratamiento

Normalmente la sífilis se diagnostica mediante un análisis de sangre. Pueden practicarse varios tipos de análisis, algunos con fines selectivos y otros, más largos y más caros, son también más fiables. Si bien ninguno de ellos es infalible en la detección de la fase primaria de la sífilis, la fase secundaria se diagnostica con un 100 por 100 de exactitud. El diagnóstico depende también de un examen físico llevado a cabo minuciosamente con objeto de identificar indicios seguros de una sífilis primaria o secundaria. Es posible que los chancros del cerviz o de la vagina sólo puedan detectarse mediante un examen de la pelvis, puesto que normalmente son indoloros. Si se examina con un microscopio especial el fluido tomado de un chancro, se observará por lo general los característicos organismos espiraloides.

En sus fase primaria o secundaria la sífilis se cura fácilmente con una inyección de penicilina. La sífilis latente, terciaria o congénita, requiere dosis más altas durante un cierto lapso de tiempo. A los pacientes que son alérgicos a la penicilina se les pueden administrar tetraciclina o eritromicina.

Herpes Genital

Los distintos virus del herpes y las infecciones a que dan lugar –la varicela, el herpes zoster, el herpes catarla- están hoy extendidos, como lo ha estado durante milenios. El nombre le fue atribuido por primera vez por los médicos de la antigua Grecia, a partir de la palabra herpein (extenderse, correrse una cosa sobre otra), debido al aspecto característico que ofrece la erupción o al sarpullido que produce, y los galenos romas de los siglos I y II de nuestra era lo describieron con algún pormenor. En los últimos años las infecciones por herpes se han convertido en un tema objeto de amplia difusión.

En la actualidad el herpes genital afecta un contingente de población estadounidense comprendido entre 15 y 20 millones de ciudadanos, además de los 500.000 casos que se les suman todos los años. Considerado por unos como una infección de la piel relativamente inocua, con unos síntomas muy molestos pero de corta duración, y por otros como una afección que supone un riesgo mortal, e incluso como un aviso lanzado por el Supremo Hacedor contra la moral disoluta de la época, la epidemia de herpes genital que conoce la década de los ochenta ha sido tan debatida en los medios de comunicación como las propias elecciones presidenciales.

El herpes genital está causado por dos tipos de virus del herpes simple: el herpes simple (virus) I y el herpes simple (virus) II. En el paso, el herpes simple I originaba casi exclusivamente los herpes catarrales y las vesículas o "pupas" de la fiebre, mientras que las infecciones del herpes genital estaban causada casi sin excepción por el herpes simple virus II. Pero en la actualidad esta distinción ya no es válida: en los Estados Unidos, del 10 al 20 por 100 de los casos de herpes genital son producidos hoy por el virus tipo I (Peter, Bryson y Lovett, 1982), mientras que en Japón el 35 por 100 de los episodios iniciales de herpes genital están causados por el mismo virus tipo I (Corey et al., 1983). Por más que algunos investigadores han avanzado la hipótesis de que este fenómeno de cruzamiento puede deberse a la práctica cada vez más frecuente del sexo bucogenital, no cabe afirmar que se trate de una explicación correcta.

Por regla general, el herpes genital se transmite por contacto sexual. El contacto directo con los órganos genitales infectados puede llevar al contagio a través de la cópula, el frotamiento de los propios genitales con los de la pareja, el contacto bucogenital, el coito anal o el contacto oral-anal. Además, las zonas de la piel normalmente protegidas pueden infectarse por causa de un corte, una roncha o una llaga, de forma que también es posible la infección de los dedos, muslos y otras partes del cuerpo. En otros casos el herpes genital se contagia, por medios no tan directos. Así, se puede transmitir el virus por el simple beso, y si aparece un herpes en la boca puede propagarse por mera autoinoculación, a saber, tocándose los genitales con los dedos después de haber tenido estos últimos en la boca. Varios estudios han encontrado que el virus del herpes puede vivir varias horas como mínimo en el tazón del retrete, en el plástico y en el paño de la ropa, dando pie a la posibilidad de que sobrevenga un herpes genital sin que exista un contagio sexual (Larson y Bryson, 1982; Turner et al., 1983; Nerurkar et al., 1983). Sin embargo, es poco probable que este tipo de contagio llegue a darse con frecuencia.

Síntomas

El herpes genital se caracteriza por racimos o acúmulos de pequeñas y dolorosas vesículas en los órganos genitales. Al cabo de unos días, las vesículas revientan y en su lugar quedan diminutas úlceras. Por lo que respecta al hombre, las ampollas o vesículas aparecen sobre todo en el pene, pero también pueden hacerlo en la uretra o el recto. En cuanto a la mujer, las vesículas surgen en los labios vaginales, pero también en el cerviz o la región del ano.

Los primeros síntomas del herpes son: fiebre, cefalea y sensibilidad dolorosa de los músculos por espacio de dos o más días consecutivos en el 39 por 100 de los hombres y el 68 por 100 de las mujeres. Casi todos los casos se caracterizan por un doloroso escozor en la zona de formación vesicular. Otros síntomas bastante corrientes son: dolor o escozor durante la micción, secreción de la uretra o la vagina y aparición de nódulos linfáticos, sensibles e hinchados, en la ingle; pero se trata de síntomas todos que desaparecen en el plazo de una a dos semanas. Las complicaciones más graves del episodio inicial del herpes sobrevienen con más frecuencia en las mujeres que en los hombres; destacan la meningitis aséptica (inflamación de las meninges cerebrales), que se estima acontece en el 8 por 100 de los casos; infecciones oculares, en el 1 por 100 de los casos; y la infección del cerviz en el 88 por 100 de las mujeres que padecen herpes primario del tipo II. Masters, William H., Jonson, Virginia E. y Kolodny, Robert C (1987) La Sexualidad Humana. Editorial Grijalbo.

Las personas que han sufrido herpes genital quedan como portadoras del virus y ante cualquier estrés físico se reactiva la enfermedad.

  • Candidiasis Vulvovaginal:

Manifestaciones: Produce un flujo de color blanquecino, espeso (como leche cortada) y no huele desagradable. Da mucha picazón y ardor en la zona afectada.

  • Vulvovaginitis por Tricomonas:

Manifestaciones: Produce un flujo de color amarillo, espeso y tiene un

Olor muy desagradable. No produce ni ardor, ni picazón.

  • Vulvovaginitis por Gardnerella:

Manifestaciones: Produce un flujo de color amarillo, espeso, cuya

Principal característica es un fuerte olor a pescado.

Prevención y Promoción de la Salud en el Bienestar Familiar. (1995)

Silit Editores. 4ª. Edición.

Diagnóstico y Tratamiento

El diagnóstico de una infección activa puede realizarlo correctamente el médico después de un examen físico de las vesículas o úlceras, o de ambas a la vez, de las zonas genitales. No obstante, hay otras enfermedades de transmisión sexual que presentan el mismo aspecto externo, y en ocasiones las vesículas o úlceras genitales son consecuencia de una inflamación y no de una infección. Por tal motivo no siempre resulta fácil emitir un diagnóstico acertado. Varias pruebas de laboratorio ayudan a establecer el diagnóstico con más seguridad; entre ellas (por orden creciente de exactitud) cabe mentar: 1) las extensiones de Papanicolau en las mujeres; 2) los análisis de sangre, para verificar si hay suficientes antivirus, del herpes; y 3) cultivos para desarrollar el virus en el laboratorio (normalmente, éste se obtiene pasando una torunda de algodón por una vesícula o úlcera; por lo general, el procedimiento es indoloro).

El Acyclovir, disminuye la gravedad de los síntomas, sobre todo en los primeros ataques. En pomada reduce en más del 50 por 100 el tiempo de excreción de virus en las secreciones, disminuye la etapa de prurito de 8 a 4 días y también acorta el tiempo que tardan las vesículas en desaparecer. En la actualidad la pomada acyclovir no se prescribe en los acceso recidivantes porque no parece surtir mucho efecto y porque se teme que el uso indiscriminado del preparado pueda originar cepas de herpes resistentes al mismo (Hirsch y Schooley, 1983); pero se está estudiando la posibilidad de administrar esta sustancia en forma de pastillas o en dosis inyectables (Reichman et al., 1984). También se trabaja en otros medicamentos antivíricos para tratar el herpes genital, a la vez que se está haciendo un esfuerzo mancomunado para preparar una vacuna cuyo objeto primordial sea prevenir esta infección.

Las medidas de índole general, como tomar aspirina (o un sucedáneo de la aspirina) y utilizar compresas frías y húmedas para aliviar el dolor, reportan considerable ayuda en una secuencia inicial de herpes o en reactivaciones de la infección. Por otra parte, llevar ropa interior o ropa holgada puede disminuir la irritación de la piel, de la misma manera que tener los genitales limpios y secos (lavándolos varias veces al día con agua caliente y jabón) puede también hacer más llevadero el dolor o el escozor. Para secar la piel es mejor hacerlo con suaves toques, empleando una toalla limpia. Por lo demás hay que tener la precaución de no llevarse la mano a los ojos después de tocarse los genitales. Las toallas y paños para lavarse la cara deben mantenerse separados, ya que podrían infectar a otras personas.

Es absolutamente necesario abstenerse por completo de todo contacto sexual desde la primera aparición de los síntomas del herpes genital hasta diez días después de la desaparición de las vesículas (eso tratándose del primer ataque de herpes), o hasta dos días después de la desaparición completa tratándose de episodios recurrentes. Si bien el uso de un condón ayuda a prevenir el contagio del herpes genital, no es un método infalible (tanto porque no abarca todas las lesiones como por el hecho de que no siempre se emplea como por el hecho de que no siempre se emplea desde el comienzo del contacto genital) y en ciertos casos puede exacerbar más la dolencia.

Otras Enfermedades de Transmisión Sexual

Los papilomas o verrugas venéreas (Condylomata acuminata) son por lo general verrugas secas e indoloras que brotan en los genitales o puntos próximos, y también alrededor del ano. Están causadas por un virus de transmisión sexual y normalmente tienen un color gris pálido y aspecto parecido a la coliflor. Las verrugas venéreas son más una molestia que un problema de salud, pueden coexistir con otras enfermedades de transmisión sexual. Se tratan mediante la aplicación de podofilina (en pomada o líquido), nitrógeno líquido, o por "cauterización", mediante una corriente eléctrica (electrocoagulación).

El Molluscum contagiosum está causado por un virus que produce una enfermedad pustulosa de la piel (tubérculos umbilicados) que se presenta en los órganos genitales externos o bien en los muslos, nalgas o bajo vientre. Esta acné aparece por lo general entre 3 y 6 semanas después de la exposición. Las excrecencias pustulosas tienen un diámetro que varía de un milímetro a un centímetro, el color de la superficie es rosáceo anaranjado y la parte superior tiene un tono nacarado. Si se aprieta la pústula sale una masa caseosa o semisólida del interior parecida a la de una espinilla. Como la infección suele ocasionar pocas molestias y a menudo desaparece espontáneamente en un periodo de unos 6 meses, no siempre es imprescindible proceder a un tratamiento. Para eliminar la dermatosis se han utilizado aplicaciones tópicas de nitrógeno líquido o dióxido de carbono congelado.

El chancroide, el granuloma inguinal y el linfogranuloma venéreo son otras enfermedades de transmisión sexual, poco frecuentes, pero comunes en las zonas de clima tropical. Si ha viajado usted a una estas regiones o ha tenido contacto sexual con un compañero o compañera que lo haya hecho, puede tener algún riesgo de contraer estas infecciones.

 

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